jueves, 14 de julio de 2011

Las mejores 6 horas de mi vida.

Por: Karla Toledo Ríos

¡Qué rápido pasa el tiempo!
Ya me casé...
A mis amigas que están próximas a casarse, les digo que se disfruten el día de su boda al máximo, como YO LO HICE. El día de tu boda no es tan siquiera un día entero, dura apenas 6 horas entre ceremonia y recepción...y de momento, abres los ojos y YA, se acabó. Recomiendo 100% contratar un fotográfo y un videógrafo. El día se te pasa tan rápido y con tanta adrenalina que no te permite fijarte en los pequeños detalles, en las personas que lloraron al verte desfilar, en las bandejas de entremeses, en la familia que vino de lejos para verte casar. Te vaz a perder las caras de nervios y risas de las chicas solteras ansiosas porque tires el ramo para ver quién lo cacha, entre otros detalles de los que te enterarás de la boca de otros.

Lo mejor de tener a la fotógrafa conmigo desde las dos de la tarde hasta las 12 de la noche fue que pudo retratar TODO. Mis caras de estrés, de nostalgia, de alegría y sí-por qué no decirlo- de coraje. En algún momento, por alguna razón boba, te va a dar así sea un corajito. El videógrafo parecía culebra. De aquí para allá, de allá para acá, escurriéndose entre la gente. De ese modo, todas esas cositas que pasaron desapercibidas por los ojos de los novios el día de su boda, quedarán guardadas para siempre como parte de los recuerdos más bellos de una historia de amor que acaba de comenzar.

Les digo que me asombré de la paz interior que sentí al momento de desfilar hacia el altar de manos de mi hermano. Días atrás me imaginaba bañada de mocos y lágrimas durante tan esperado momento. Pero no, todo se decoró de sonrisas, incluyendo la mía.

Creo que cada vez que se casa una pareja, Dios está presente manipulando el día y sus manifestaciones. Les cuento que hasta minutos antes de bajarme del carro frente a la entrada de la Iglesia, estaba cayendo un diluvio torrencial con vientos, relampagos, truenos y centellas. Como por arte de magia, se abrió la puerta del carro, paró de llover y mi tío cerró la sombrilla que estaba destinada a taparme la cabeza mientras yo me había emborujado en traje y el velo rodillas para dentro... Pero así es Dios. Saqué mi pierna como toda una reina, y cesó el diluvio. Fue una tarde bella. El sacerdote dió un sermón hermoso, y detalles -como por ejemplo que el micrófono apestaba a saliva de 50 sacerdotes diferentes- permitieron que no me echara a llorar y que al contrario, me dieran cosquillitas de risa y tenía que aguantarme.

En fín, quiero decirle a todas las novias que el día de su boda es un día especial, lleno de mil emociones diferentes, que se lo vivan al máximo y hagan todo lo posible por obtener todos los recursos que se dediquen a congelar ese momento para toda la vida.

Mientras, disfruten el proceso, vuélvanse hormonales...
Un abrazo: La señora casada.
Karla Toledo... (de Figueroa...)

2 comentarios:

  1. Tus palabras, hermosas como siempre.
    ¿Mi parte preferida? "... (de Figueroa...)"
    Fue un honor formar parte de un día tan especial. El amor y la alegría se sentían, corrían libremente por el aire contagiándonos a todos. Ámense y ríanse todos los días (hasta los "no tan buenos").
    Los adoro.

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Vida...

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