sábado, 7 de febrero de 2009

La Mujer

Por: Karla Toledo Ríos


Lipstick, concealer, blush y mascara. Tintes de pelo, cambios de imagen, manicura y pedicura. Extenciones, alisados y maquillaje permanente. Colágeno, bótox e implantes de seno. Mucho ejercicio con un personal trainer, un pequeño descanso con FRIENDS y Sex and the City. Coach, BCBG, Fendi y Louis Vuitton. Algo de Cartier, Christian Dior y Dolce and Gabanna. Zapatos Casadei , Giseppe Zannotti, Report Signature y unas gafas Missoni. Mucha ropa, muchas carteras, muchas cosas más.


Sin duda alguna me refiero al espectáculo inigualable de lo que se llama mujer.
La mujer de hoy ya no es la misma de antes. Con su extrema coquetería y seguridad camina por las veredas de un destino trazado solamente por ella. Sueña lo que quiere y como consiguiente, obtiene lo que quiere. Capaz de vivir solita pero muy acompañada de su colección de cremas de Victoria’s Secret y las botellas de vino que guarda en la nevera.
Se fuma un cigarrillo de Vainilla con sus amigas por las calles del Viejo San Juan y a media noche, admiran los puertos de los cruceros bajo la luz de la luna y se ponen a pensar…
¡Y cuantas cosas pueden pasar por la mente de la mujer!


¿Dónde habrá quedado tan siquiera la sombra de aquella mujer dominada y silenciosa?¿Dónde? Si no queda un recuerdo incólume, que no sea en el de las memorias de las abuelitas que nos regañaban por los escotes y por los ojos maquillados. La mujer ya no se esconde, la mujer brilla. La mujer puede ser magnánime. La mujer puede ser bruja. La mujer puede ser buena, pero le divierte mucho ser mala. La mujer sabe que si calla, explota. La mujer no se queda con la duda, la mujer explora. La mujer es espíritu y masa.


La mujer es belleza procreadora y símbolo de vida. La mujer es un brazo de oro como el de Mariana Bracetti, para bordar las banderas de la vida. Es ser su propia ruta, como Julia de Burgos, lleva adentro su propio himno revolucionario como el Lola Rodríguez de Tió. La mujer tiene que ser Lisa Capetillo y ponerse los pantalones cuando nadie cree en ella. La mujer, sin duda alguna es revolución.

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en las pequeñas cosas.